Siento tener que inaugurar el blog con esta entrada, pero me lo pide el cuerpo.
Imagino que alguno habrá protagonizado alguna vez una carrera con altas expectativas en la que todo sale mal.
A mí me ha tocado hoy.
Carrera: Parque María Luisa (Sevilla)
Objetivo: 10 kilómetros en 40 minutos (a ser posible menos)
Resultado: 43:50, y gracias por acabar la carrera.
No tenía yo ni idea de cuán premonitoria sería la música que me ponía en el MP3 antes de salir (AC/DC Highway to Hell). Vamos... le venía al pelo... por la carretera, bajo el sol de Sevilla y sufriendo como un c_br´_n. Si lo llego a saber me pongo "La Pastoral" de Beethoven.
Pero vamos... que ni oía la música, iba echando el hígado con el único objetivo de llegar a la meta
Tengo que decir que iba preparado. Llevaba 2 semanas la mar de prometedoras. Tenía fuerza, velocidad, garra, y muchos otros atributos que me pondría José Luis Moreno.
La salida lo de siempre: Los más lentos de Sevilla allí estaban en primera fila tocando los huevos. A veces echo en falta al Rey en las competiciones populares diciendo "Pero por qué no te apartas!?" (coño!)
Bueno, tras salir a codazos con casi toda Sevilla (la próxima vez me pondré coderas con pinchos a lo "Ben Hur") y llevar un ritmo de 5:45 a los 700m (mal empezamos) viene la remontada: Consigo llegar al km 1 en 4:35 y empiezo a notar que me ahogo cual pez fuera del agua. ¡Ay agüelo! ¡El ventolín!
Y nunca mejor dicho lo del ventolín, porque tengo asma a consecuencia de mi alergia al polen.
Yo que pensaba que el polen iba a ser mi colega este año, pero no... se estaba reservando para un momento especial. Es un romántico.
Así que me hago el km 2 en 3:55 pero con la sensación de que me quedan 2 minutos de batería. Vamos, que estaba ya prácticamente cadáver. En ese punto me empiezo a plantear abandonar. Yo he ido a "ganar", a conseguir mi objetivo, y en ese punto tengo ya clarísimo que no lo voy a conseguir ni de cachondeo.
Mientras sigo corriendo paso ya el km 3 en 4:10. Estoy al borde del colapso ¿Qué hago? Y entonces, como en una peli americana, pasa por mi cabeza mi mujer, que ha aguantado toda la semana el coñazo que le he dado con la carrerita. Y me digo: "hazlo por ella", pero sé bien que lo que ella querría no es que acabase la carrera, sino haberse quedado durmiendo hasta las 10, y no levantarse conmigo a las 7:30 un Domingo, la pobre. No me la merezco.
Así que tiro del último cartucho psicológico que me queda: Varios amigos también están corriendo y no quiero hacer el ridículo abandonando. Y me digo: "Pero tío, si tú no tienes sentido del ridículo", de hecho yo ya en ese momento no entendía de amigos, y si me ponen a mi padre delante le niego 3 veces.
Total, ya tengo decidido que voy a abandonar, y de repente aparece en mi cabeza la imagen de mi entrenador llamándome nenaza. ¡A mí!, será cabrón, con las palizas de entrenos que me pego. ¿Nenaza yo?. Mi mente sigue hablando: "Sí, flojo, que eres un flojo, entreno niñas de 11 años con más huevos que tú"...
Me encabrono y decido aguantar todo lo que pueda, de modo que bajo el ritmo hasta 4:25 que es lo máximo que puedo aguantar de forma sostenida.
Ahí ya empieza el festín de los que venían por detrás, que me adelantan en masa sin compasión hasta el final de la carrera. En el km5 me ofrecen agua, pero lo que yo quiero no es agua, es que se abra la tierra, nos trague a todos y nadie recuerde esta carrera nunca más.
Sigo cada kilómetro diciéndome "venga, un kilómetro más", hasta que llega el 8. En el 8 ya sé que puedo acabar la carrera, y decido "atacar" en el 9.
Bueno, llego al 9 y le doy un poquito de alegría al paso. Cuando quedan 500m un reloj me informa de que llevo 43 minutos corriendo y me entra un cabreo impresionante por el resultado. Atisbo la meta y echo el resto haciendo un sprint final. Soy así de cachondo... puedo hacer la peor carrera de la historia, pero acabo a lo grande.
Me inunda la decepción y la tristeza por el resultado. Mi mujer no se apiada y me dice "ya sabes que podía pasar". Creo que es la venganza por el madrugón.
Después en casa he tenido tiempo de pensar con calma. Y me he dado cuenta de que, teniendo en cuenta mis condiciones físicas, es la mayor hazaña que he llevado a cabo jamás.
¿Qué tiene el deporte que te engancha aunque sufras?
A un tío normal como yo lo convierte en un héroe...
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